Nunca le perdoné a mi hermano gemelo que me abandonara durante siete minutos en la barriga de mamá, y me dejara allí, solo, aterrorizado en la oscuridad, flotando como un astronauta en aquel líquido viscoso, y oyendo al otro lado cómo a él se lo comían a besos. Fueron los siete minutos más largos de mi vida, y los que a la postre determinarían que mi hermano fuera el primogénito y el favorito de mamá.¿Qué decidió cual de los dos saldría primero? ¿Que autoridad tenía aquel señor de verde para sacarle a él antes que a mí?
Con el paso de los años esa ventaja de siete minutos nos ha marcado siempre. Sus regalos de cumpleaños han sido siempre más caros que los míos, la imagen que mis padres daban de él ante la gente siempre fue mejor que la mía, sus amistades eran más agradables, sus novias mas guapas. Durante la etapa universitaria sus logros, aunque fuesen iguales o inferiores a los míos, siempre tuvieron mas reconocimiento.
En la actualidad ambos estamos casados, tenemos un buen trabajo y tenemos familias estupendas. Yo trabajo como gerente de proyectos en una empresa de software, puesto que me ha llevado muchos años de trabajo, de días sin ver a mis hijos, vacaciones escasas y muchas noches sin dormir, pero al final lo conseguí. Mi hermano trabaja de ejecutivo senior en una empresa de comunicaciones. Yo gano más que el, viajo más y digamos que conozco más mundo, pero es a el al que le preguntan siempre en las cenas familiares, el que acapara la atención con sus anécdotas.
Doy gracias porque esta rivalidad no se transmita a mi mujer y mis hijos, por esto no acabo de odiarle del todo, al fin y al cabo es mi hermano gemelo.
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